lunes, 16 de noviembre de 2009
un sábado cualquiera
jueves, 5 de noviembre de 2009
café a las 11
Sentados uno enfrente del otro, esperando dos cortados, charlan animada y concentradamente. Él la absorbe con la mirada mientras pega sorbitos a su café y la toca la pantorrilla con la mano, que se hace hueco entre la larga falda negra de estilo hippie. Ella habla continuamente y se alborota el pelo de vez en cuando, sin inmutarse ni un pelo cuando él le acaricia.
Continuamente la conversación es interrumpida por la alegre canción del móvil de ella, que saca del bolso verde de charol situado encima de la mesa. A él no parece molestarle ese entrometimiento de una tercera persona. Es más, la observa con aún más pasimonia y la comisura de sus labios se arquean ligeramente hacia arriba.
Aproximadamente ambos compartirán la edad de 70 años, pero sus actitudes son más de jóvenes de 25 años que recién acaban de introducirse en la vida de la "gente adulta".
Quién pudiera conservar esa mirada inocente! Quién puede después de haber vivido más de media vida conservar la ilusión y ganas de vivir... tiene un tesoro que nadie puede robar, tan sólo ser deseado.
lunes, 28 de septiembre de 2009
De griego
miércoles, 15 de julio de 2009
sí se puede soñar despierta
Son las 5:00 am. Se destapa y se viste. Sale de casa y da una vuelta a la llave, se la mete en el bolsillo interior de la mochila. Desciende en el ascensor desde el 6º hasta la 1º planta. Sale del portal y camina sin chocar con nadie, esquivando caras que se cruzan con su nuca. Mira hacia atrás mientras se acerca y se vuelve hacia delante mientras le tira de la mano. Se encuentra al instante abrazada a él, que le susurra: " Son las 4:00 am, es tarde, hasta mañana princesa". Y juntos se van a un bar con cielo acristalado y sillas de acero. Llenan vasos de ron. Salen del lugar . Él sonrie y ella le pregunta: ¿una copa? Él responde: "Es tarde, son las 9:00 pm, mañana madrugas, aunque yo no". Y ella le dice: Estoy llena de arena y sepo a sal. Él mordisquea la oreja y se quitan la ropa. Se duermen uno al lado del otro, toalla con toalla, con el ruído del mar y de los niños de fondo. Se despiertan. Él se viste, le saluda y se va mientras le mira sonriendo.
Son las 8:00 am, no ha dormido, pero irá a trabajar. Ahora lo ve en el cruce de la calle Verdi con Travessera de Dalt. Y saborea sus labios que hoy sabrán a frutas del bosque.
miércoles, 3 de junio de 2009
Nostalgia
Llora con la música porque no sabe llorar con las personas. Baila en su cuarto porque ella no sabe moverse en los bares. Fuma con la misma clase porque no sabe hacerlo de otra manera.
Cuando está sola en casa revolotea con Yann Tiersen mirándose en los espejos y ventanas. Se asoma al balcón con poca ropa y hace gestos al vecino de enfrente. Se ríe viéndolos mirar y torcer la cabeza mientras ella les sonrío y da vueltas con las palmas abiertas. Luego se vuelve a mirar en el espejo, de cerca, callada, sin sonreir, y sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas.
Se tumba boca arriba en la cama. Se abrazaría a él si estuviera, y no diría nada. Sólo lloraría contra su pecho. Llora cuando está él porque no le da vergüenza. Llora, porque no sabe hacer otra cosa. Pero cuando le pregunta, ella dice “nada”, de nada. Pero está sola.
Salta de la cama, coge las llaves y sale de casa. Camina sin rumbo, pero siempre va al mismo sitio. La gente no le mira. Ella sigue bailando por dentro. Le llaman por teléfono, y no responde. Vuelve a cerrar los ojos y le ve irse de nuevo. Vuelven a llamar y responde: ¿Sí? No, no me pasa nada.
Las muñecas de porcelana no se deberían enamorarse de los duendes.
Por qué llorar si se puede reír
Lloran los bebés al nacer. Y desde entonces nosotros no paramos de imitarlos.
Lloramos cuando nos caemos.
Lloramos cuando no tenemos lo que queremos.
Lloramos cuando se va un ser querido.
Lloramos cuando nos asustan.
Lloramos cuando no nos entienden.
Lloramos como ellos.
¿Por qué no sabemos nacen riendo? Todo sería más fácil
Reiríamos cuando nos cayeramos.
Reiríamos cuando no tuviéramos lo que querríamos.
Reiríamos cuando se fuera un ser querido.
Reiríamos cuando nos asustásemos.
Reiríamos cuando no nos entendiesen.
Reiríamos como ellos.
Sería un placer llorar...
miércoles, 25 de febrero de 2009
Lava volcánica
Tirada en sofá alarga el brazo para alcanzar el paquete de tabaco que se encuentra entre platos sucios y servilletas usadas. Eleva un poco la espalda apoyando sus codos contra los almohadones y se saca el mechero del bolsillo izquierdo del pantalón.
Da un par de caladas al cigarrillo intensas, al expulsar el veneno mira el techo y alcanza a ver como el humo se entrecruza formando ondas que le relajan.
La ceniza ya resbala del cigarro y de nuevo alarga su pesado brazo para coger el cenicero. Instintivamente su brazo se vuelve plumífero y lo aparta rápidamente saltando del sofá con el corazón a punto de salírsele por la boca. El cenicero de barro está ardiendo. Es lo que se temía, el volcán está empezando a calentar y dentro de poco explotará. Desde las inmensidades de
Ahora tan sólo sabe que va a suceder. Pero se tumba de nuevo en el sofá para ver bailar al humo y cuando tira la ceniza procura no tocar en recipiente.
Pasan los días y el cenicero sigue su curso, sigue ardiente, cada vez más. El día que en el que empezó a sacar humo ella ya se lo temía. Volvía de la calle de hacer los recados típicos de cada día. Comprar crema de manos, rotuladores de colores y un par de cosas en el supermercado.
El humo comienza a ensuciar la habitación, ahora casi no se distinguen las ondas del humo, todo es gris. Abre las ventanas y comienza lo inevitable. Tiene que salir de allí. Pero se lo toma con calma, sabe que aunque el volcán pronto erupcionará, tiene tiempo de recoger todo lo que pueda en proporción a las maletas de las que dispone.
Es curioso que lo primero que escoge entre todas las cosas son sus libros que le harán ser una grandiosa diseñadora en el futuro, y sus estrafalarias botas que le hacen crecer mucho.
El calor comienza a dejar de ser calor y comienza a ser fuego. Una pequeña llama va abriendo un boquete en la mesa donde el cenicero aún reside y el cigarro se hace puro, y el puro, fuente.
Sale de casa pensando relajada y sin preocupación alguna en lo que hará mañana, arrastrando la maleta y dejando atrás una casa ya llena de lava volcánica, y un humo que sale por el tejado que se ve a kilómetros de distancia.
Este ha sido mi sueño nocturno